Mallorca

Un enclave privilegiado en el Mediterráneo
Verdor en los campos labrados de Mallorca, amplia perspectiva del paisaje

La isla de Mallorca…

…emerge de las aguas como un vergel mediterráneo. Aquí los placeres son infinitos, sofisticados o encantadoramente sencillos… Es maravilloso perderse entre las callejuelas empedradas de su trazado medieval. Reencontrarse en el silencio de un patio renacentista. Elegir en el Mercat de Santa Catalina el pescado con el que agasajar a los amigos. Sacudirse las migas de un pan de pueblo. Detenerse a contemplar las caprichosas tonalidades del atardecer o el reflejo tembloroso de las salinas en el mar.

La costa mallorquina a vista de pájaro, rocas y montes junto al mar
Ventana adornada con flores en maceta, un rincón con encanto de una callejuela mallorquina

Hermosa y cosmopolita, su capital ha sido elegida por The Times como la mejor ciudad del mundo para vivir, una declaración de la que muchos de nuestros visitantes darían fe. Un joven Jorge Luis Borges describía así los encantos de la isla:

“Mallorca es un lugar parecido a la felicidad, apto para en él ser dichoso, apto para escenario de dicha, y yo, como tantos isleños y forasteros, no he poseído casi nunca el caudal de felicidad que uno debe llevar adentro para sentirse espectador digno (y no avergonzado) de tanta claridad de belleza. Dos veces he vivido en Mallorca y mi recuerdo de ella es límpido y quieto: unas tenidas discutidoras con mis amigos, una caminata madrugadora que empezó en Valldemosa y se cansó en Palma, una niña rosa y dorada de la que estuve enamorado tal vez y a la que no se lo dije nunca, unos días largos remansándome en el cálculo de las playas. Ahora dejo de escribir y sigo acordándome”.

Poema publicado en el diario local El Día (1926)

Los siglos de historia se hacen palpables en cada rincón, mientras que el Mediterráneo define una manera de hacer, vivir y sentir. Sosegada y curiosa, urbana y rural a la vez, Mallorca es una artesana que reinterpreta la tradición con una delicadeza singular, enamorada de su propio paisaje.

Un paraíso en el que aún se encuentran calas solitarias donde juega una brisa bohemia y perfumada, la misma que inspira el Agua de Colonia Hierbas de Mallorca.